top of page

Confines | Por Josefina González


Ese día, la noche más larga, la perdió. Era la única, la última. Le había permitido flotar aun cuando despegara los brazos del agua (¿entonces sabía nadar?). Con ella había conseguido sobreponerse a esa pregunta maldita conmoviendo a otros en un espectro que abarcaba el encanto, la compasión, la envidia, la desdicha. Pero sea cual fuera la fibra alcanzada, obtenía gestos repetidos: una mirada esquiva, una mueca tibia, unas cejas hacia arriba, manos frotándose entre sí, un índice subiendo y bajando por la sien (¿tanto cuerpo para eso?). Gracias a ella, había logrado ampliar su vocabulario, perfeccionar su oficio en rodeos (traducir es profanar con más, con menos, violencia).


La inundó un sosiego extraño. Le resultaba tan luminoso como esa oscuridad en la que podía ver y moverse con la destreza y astucia de un animal ciego. Aquel día fue; aquella noche entendió –al escucharse- que las historias terminan cuando ni un rastro de literatura sobrevive (ni una huella en la lengua).


Ya no hay ritmo ni cadencia ni metáforas. No importan los signos de puntuación. Tampoco el tono o ese brillo audible. Una elipsis cada vez más extendida en tiempo, en espacio, devora personajes, conflictos, tramas. La épica junto a las imágenes se disuelve como la luz de fin de tarde. La fuerza de los elementos agoniza: el silencio lo cala, lo calla todo; la quietud pulveriza los tiempos (el futuro anterior será este pretérito perfecto), las cenizas –esas sombras tangibles- cubren todo.


Ese día de la noche más larga, descubrió que los finales –esa peregrinación pagana de su especie- tienen dos entierros: el verdadero se cava en el lenguaje. En esa tumba, apenas un epitafio grabado con huesos, es decir con anécdotas.


De las historias que alguna vez o durante un mientras tanto, asumieron forma de ola, sólo queda agua en retirada (también de esta orilla, de esta lengua).



Josefina González (inverno de 1987). Sócióloga e editora residente no Brasil. Desde 2013, trabalha na promoção e proteção dos direitos humanos. Em 2020 começou a se formar no campo da edição e revisão. Criou a editora literária e artesanal Rio Va Ediciones, onde até a atualidade é editora e revisora. Participou durante 5 anos da oficina de escrita coordenada pelo escritor Juan B. Duizeide.


Texto originalmente publicado na Revista Vida em Comum nº 01 [jan/fev 2026]


Comentários


bottom of page